2.Los
estudiantes
Amelia,
Marisa, Ernesto,
Javi,
Celia y Bea.
Cuando
murieron
algunos
eran niños,
otros,
jóvenes…
Con
ellos la vida nos dio una lección
de
las de la Mafia.
20.
El funambulista
El
funambulista
camina:
corrientes
acechan dolor; brisas, alivio y aliento.
A
veces, vuela su mirada
buscando
caricias
de
todos los colores;
otras,
se
escapa
en
abismo:
el
vértigo
lo
seduce.
A
cada paso son
distintas
las fuerzas;
distinto
el entendimiento
de
piel y entrañas.
Pero
el funambulista
nunca
deja de caminar.
Son
las palabras,
unas
pocas palabras
,
las
que hacen que el funambulista
pierda
el equilibrio
y
caiga.
32. Cambio de estación
Reconoces los primeros indicios:
fenómenos meteorológicos que captan nuestras pieles;
después lavas la ropa y un simple anorac en el armario
hace que desplaces otra prenda, que mueve otra,
y al final la casa está patas arriba.
Pero este novio, este novio
que ya no te pones…
¡a ver dónde lo guardas!
Aun así, vas de compras
el chico que te atiende es muy guapo.
Recuerda, no gastes mucho,
la ropa que hacen ahora
apenas dura una temporada.
Duerme
bien, amor.
Mécete
con cuidado
en
mis pensamientos.
No
me quites tu amor
,
sin
él me invade el frío
.
Ni
pronuncies otros nombres:
mi
sueño es ligero y despierto.
Duerme
bien, amor
y
sé un bonito sueño.
Tengo
que asimilarlo: ya no estamos juntos.
He
perdido:
la
oportunidad de envejecer acompañado; de poder compartir ilusiones;
disfrutar
de comidas ceremoniosas o improvisadas en tu compañía; los
desayunos en la cama; las promesas; los “te quiero”; viajes
inolvidables;
regalos…
He
perdido todo, ¿verdad?
Sucesión
de bondades que vivimos
o
no,
en
todo caso, universo verosímil
más
apto para el recuerdo
que...
Maricones.
Necesitaba
decir esta palabra.
Tranquilo.
Sin
miedo.
Respirarla.
Desnudarla.
Pronunciarla.
Como
si mis labios la hubieran inventado
para
hacer un regalo al Universo.
Te
parabas en los caminos
sentándote
en cualquier piedra
sin
preguntarte por qué lo hacías.
Descubriste
palabras escritas
junto
a grietas y manchas,
que
a veces te gustaba leer.
Te
dejabas caer sobre sueños
en
el plácido camino de la inercia.
Ahora
corres, eres camino,
eres
palabra y grieta,
eres
mancha y sueños.
Eres
mundo, mundo corriendo,
en
busca de tiempo.
Al
final
de
tanto recordar el futuro
nos
sorprende el doloroso presente.
Olvídate
de lo que no has vivido
del
paisaje idílico de tu cuerpo
sentidos
en primaveras constantes
felicidad
enlatada
amor
sin fecha de caducidad
sabores
y aromas de libro de cocina
abrazos
y besos siempre envueltos,
en
una película que nunca se estrena.
No
es bueno recordar lo no ocurrido
la
nostalgia del futuro
siempre
cuesta
un
presente imperfecto.
Y
al final,
solo
nos queda el pasado
como
descanso
como
consuelo.
Vivía
en el barrio un puercoespín rosa,
mucho
más grande que las personas
que
además hablaba con un híbrido de peluche
y
animal indefinido, llamado don Pimpón.
Y
ahora, adulto, me pregunto
cómo
no nos hemos dado cuenta
de
que el barrio se ha convertido
en
esta puta mierda inverosímil.
Pregunta
a quien sale a su paso:
cada
respuesta es una visita fugaz.
Pero
solo se queda dentro
cuando
llega a Poesía por su propia voz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario